El tiempo siempre ha sido algo que ha llamado la atención al ser humano. Hoy os voy a hablar de dos extraños dispositivos que juegan con el tiempo. Realmente no son nada transcendentales, pero si muy, muy curiosos.
La fuente que detiene el tiempo
El primero es la fuente que detiene el tiempo. Se trata de una fuente que, gracias a un ingenioso juego de luces, engaña a nuestro cerebro, haciendo que pensemos que una serie de gotas de aguas están paralizadas en el aire y que, incluso, acaban por dar marcha atrás en el tiempo:
El truco es relativamente sencillo. Se basa en el uso LEDs con efecto estroboscópico. Este efecto consiste en hacer parpadear rápidamente una luz para, sincronizando adecuadamente el periodo del parpadeo, engañar a nuestro cerebro, haciéndole que veo únicamente lo que queremos que vea. Las gotas caen, como es obvio, pero como la luz no nos permite ver la caída de la misma, creemos que están suspendidas en el aire.
Un poco más complicado es hacernos creer que las gotas van hacia arriba, pero la idea es la misma. Sincronizar las luces para que solo veamos aquellos fotogramas necesarios para crear el mágico efecto.
Por cierto, si queréis una fuente de esta, está a la venta por $100 (desmontada) o $200 (montada)
Vía: El Blog de Maikelnai
El Chronofago, el reloj que devora el tiempo
Fue presentado por Stephen Hawkings, será expuesto en la Universidad de Cambridge y ha costa un millón de libras. Se llama Chronofago o Corpus Clock.
Básicamente no es más que un reloj mecánico basado en un mecanismo de péndulo conocido como Escape Grasshopper. El reloj está decorado con un extraño monstruo llamado Chronofago, que hace que se mueva (el péndulo Grasshopper). Por dentro tiene un sistema de luces muy elaborado para indicar el paso de los segundos, minutos y horas, siguiendo el movimiento inexorable del Chronofago.
Y con el vídeo del Chronofago os dejo por hoy:
Vía: Meneamé

